5.16.2010
"A Dios le gusta observar, es un bromista: dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, y ¿qué hace luego? Los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de nosotros, para ver como quebrantamos las reglas. Él dispone las reglas y el tablero y es un auténtico tramposo: “mira, pero no toques”; “toca, pero no pruebes”; “prueba, pero no saborees”. Y nos lleva como marionetas de un lado a otro."
-Has dormido profundamente, no me he perdido nada -sus ojos centellearon-. Empezaste a hablar en sueños muy pronto. Gemí. -¿Qué oíste?. Los ojos dorados se suavizaron.- Dijiste que me querías.- Eso ya lo sabías- le recordé, hundí mi cabeza en su hombro.- Da lo mismo, es agradable oírlo. Oculté la cara contra su hombro.- Te quiero- susurré.
Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto. Era un tiempo en el que miraba al futuro con más esperanza que miedo.
